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martes, 4 de diciembre de 2012

RESEÑA HISTORICA DE LAS FIESTAS PATRONALES DE COTUI

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Por Juan Pablo Marte   
Desde los primeros tiempos de la fundación de Cotuí, la virgen Inmaculada Concepción ha sido la patrona de la ciudad. Emilio Rodríguez Demorizi en su obra: Música y Baile en Santo Domingo, recogió unos datos inéditos del Padre Pùigvert (Cura de la Parroquia de Cotuí de 1836 hasta 1886) los cuales se refieren al baile popular de aquella época llamado el Fandango, y dice que se bailaba mucho para celebrar la fiesta de nuestra señora de La Concepción. Este relato de Puigvert nos da una idea clara de que ya en aquella época antes y después de la Independencia se celebraban las patronales en Cotuí en honor a la Inmaculada. Unas cuatro décadas atrás, en Cotuí se celebraban las patronales de una forma muy sencilla comparada con la celebración pomposa que se realiza en la actualidad. Comenzando el día 30 de noviembre después que finalizaba la misa, la banda de música alegraba a los concurrentes con un concierto de merengues navideños, al tiempo que se lanzaban fuegos artificiales, constituyendo una grata emoción especialmente para los niños y las demás personas porque pasaban un momento muy agradable. Por otro lado el público disfrutaba de los globos gigantes confeccionados por el cotuisano Fonso Ureña, estos globos subían tan alto que en otras comunidades creían que eran objetos voladores no identificados (OVNI).
A partir de 1982, Francisco Rincón agregó a la celebración de estas fiestas patronales, un certamen para elegir la reina de esta festividad, Corisandra Abreu fue elegida primera reina de ese reinado y la vireina resultó la señorita Jackelyn Ramos.
El dogma de la Inmaculada Concepción, también conocido como Purísima Concepción, es una creencia del catolicismo que sostiene que María, madre de Jesús, a diferencia de todos los demás seres humanos, no fue alcanzada por el pecado original sino que, desde el primer instante de su concepción, estuvo libre de todo pecado.
No debe confundirse esta doctrina con la de la maternidad virginal de María, que sostiene que Jesús fue concebido sin intervención de varón y que María permaneció virgen antes, durante y después del embarazo.
Al desarrollar la doctrina de la Inmaculada Concepción, la Iglesia Católica contempla la posición especial de María por ser madre de Cristo, y sostiene que Dios preservó a María libre de todo pecado y, aún más, libre de toda mancha o efecto del pecado original, que había de transmitirse a todos los hombres por ser descendientes de Adán y Eva, en atención a que iba a ser la madre de Jesús, que es también Dios. La doctrina reafirma con la expresión "llena eres de gracia" (Gratia Plena) contenida en el saludo del arcángel Gabriel (Lc. 1,28), y recogida en la oración del Ave María, este aspecto de ser libre de pecado por la gracia de Dios.
La doctrina de la Inmaculada Concepción no es aceptada por los miembros de las iglesias protestantes. Los protestantes rechazan la doctrina ya que no consideran que el desarrollo dogmático de la teología sea un referente de autoridad y que la mariología en general, incluida la doctrina de la Inmaculada Concepción, no se enseña en la Biblia.
Los protestantes argumentan que si Jesús necesitó de un vientre sin pecado para nacer sin pecado, también Dios tuvo que haber intervenido en la concepción de la madre de María, en su abuela, y así sucesivamente a lo largo del tiempo. La respuesta del catolicismo es que sólo María tenía que mantenerse libre de pecado pues ella iba a concebir directamente a Cristo, mientras que sus ancestros no. Es decir, que Cristo sí necesitó de un vientre sin pecado, pero María no.

 

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